Anillamiento de flamencos en la Laguna de Fuente de Piedra. Agencia EFE.

Anillamiento de flamencos en la Laguna de Fuente de Piedra. Agencia EFE.

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Son las 7:00 de la mañana del sábado 29 de julio de 2017. Desconecto el contacto del coche, coloco el reflector del parabrisas previendo el sol que se situará sobre éste horas más tarde, y salgo mientras despunta la claridad en el horizonte. Voy en pantalón corto, polo y chanclas cangrejeras y en estos momentos echo un poco en falta algo más de abrigo, pero bueno, ese frío de primeras horas de la mañana lo recordaré más tarde y la verdad es que ayuda a poner en marcha la cabeza. Hay algunas figuras más en el aparcamiento que se mueven alrededor de sus coches con las puertas abiertas, pero de momento mi prioridad es el centro de interpretación de la Laguna de Fuente de Piedra, el cual tiene sus puertas abiertas y la luz encendida. Mientras recojo mi identificación y camiseta de prensa, pregunto si iré bien equipado con el mono impermeable de pescador que compré el día anterior. Tras una mirada un poco burlona, me dicen que el mono no va a ser necesario, ya que la laguna está prácticamente seca y que con las chanclas iré muy bien (y la de vueltas que di buscando el mono de pesca…). Es hora de ir a por un café y reunirme con otros compañeros que esperan la hora fijada para prensa (7:30h). Lo bueno es que ya tengo una buena anécdota para comenzar conversación con un toque de humor… Está claro que mi mono de pesca va a ser un buen chiste. Me encuentro con compañeros de Antequera, otro de la Estación Biológica de Doñana, llegan algunos redactores y operadores de cámara y de repente me encuentro allí a Fernando Torres, quien siendo becario en Diario Sur, me entrevistó sobre la exposición de El Joven Rostro de la Ciencia. ¡Qué alegría ver caras conocidas! Y no viene solo, ya que me encuentro con él a mi antiguo compañero de Facultad Mario Fenech Torres, uno de esos jóvenes rostros de la ciencia.

Llega el momento de salir hacia la zona de anillamiento y decidimos compartir el coche de Fernando. El camino es polvoriento. Las ruedas de la caravana de coches levantan nubes de partículas color ocre, que casi no dejan ver más allá de cuatro metros. Se aprecia el camino, se intuye el coche delantero, se distingue algo de vegetación en el margen y se ve el cielo algo enturbiado al levantar la vista. Voy preparando la cámara. Todo correcto. ISO, Formato de archivo, temperatura de color, Velocidad de obturación, ISO, Tamaño de archivo, Formato de archivo, Tarjeta correcta, Baterías, Apertura de diafragma, ISO, Ráfaga. Entonces la veo… La laguna está completamente seca y me recuerda a esas imágenes del desierto de sal de Utah. Hago algunas fotos, más por probar, por calentar, que por conseguir un resultado satisfactorio. A escasos veinte metros del carril se aglomeran algunos flamencos en las pocas charcas que quedan. Tengo que reconocer que en principio ese paisaje asusta un poco y plantea cuestiones sobre cual podría ser la noticia al final del día. Pero bueno, esas eran las primeras impresiones. A lo largo de la mañana podría informarme sobre esa cuestión.

Alcanzamos la zona de anillamiento sobre las 8:30h. Al principio todo parece un caos de camisetas de colores trasladando pollos de flamenco de un lugar a otro, el cual sólo se organiza en torno a un núcleo central, el corral en el que se encuentran más de 600 crías de flamenco (Phoenicopterus roseus). Es el momento de poner en marcha el disparador, y es que con cada fotografía, voy tomando consciencia de la estructura de todo el anillamiento. Los polluelos fueron guiados a las 5:00h por los voluntarios a lo largo de la laguna, hasta un cuello de botella fabricado con redes y cañas, el cual desembocaba en un corral circular de unos quince metros de diámetro. Aquí es donde los animales esperan para ser anillados. El primer paso es separarlos con paneles en pequeños grupos, para capturarlos con seguridad. Después, cada pollo es entregado a un voluntario, quien lo traslada a un puesto de anillamiento, donde tres personas colocan la anilla y anotan los datos. De allí, la cría pasa al puesto de pesaje y medida del buche, lo que indica el grado de nutrición del ejemplar de una forma semicuantitativa. Hago un alto. Y es que en uno de estos puestos me encontré con un antiguo y querido profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga. Raimundo Real se encontraba en uno de los puestos midiendo el buche de los animales y fue él quien me indicó los detalles del procedimiento. Fue toda una alegría encontrarnos. Siguiendo con la estructura del operativo, el siguiente paso es la toma de muestras de sangre, que no se lleva a cabo en todos los casos, y tras esto… La suelta.

El instinto inicial del flamenco es huir de un potencial peligro como puede ser el ser humano. Por esa razón, si se coloca un flamenco en el suelo de cara al camino que debe seguir para su regreso a la colonia, lo más probable es que se quede quieto, pues no queda claro dónde se encuentra el peligro. Para solucionar este pequeño inconveniente, la suelta se realiza situando al polluelo de cara a su liberador, así cuando se encuentra frente a esa persona, puede identificarla como peligro y se aleja corriendo en dirección contraria. Las sueltas eran emocionantes, pues los ejemplares se encontraban algo aturdidos en algunos casos, costándoles iniciar su marcha, así que cada vez que uno de los animales conseguía ponerse en camino, se respiraba un ambiente de celebración.  Pero quizás el momento más espectacular de todos fue la suelta final, en la que se abre el corral dejando escapar a numerosas aves que corren en bandada, desplegando en muchos casos sus alas, las cuales comienzan a adquirir ese tan característico color rosado que describe a estos magníficos animales.

Mario, Fernando y yo volvemos en el coche por el camino polvoriento. Voy revisando las fotografías mientras suena música en el coche y a modo de broma o quizás por la felicidad que contagia vivir algo como lo que habíamos vivido momentos antes, vamos añadiendo coros y voces a la melodía, como esos grupos de voces de los años 50.

Ahora toca enviar las fotografías seleccionadas a la Agencia EFE. Las noticias no esperan.

Juan Miguel Pérez Ramos

 

 

Una respuesta

  1. María Teresa

    Fascinante foto y relato, es como si hubiese estado allí. Gracias por compartirlo. Juan Miguel Pérez.

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